El poder de agradecer te cambia la vida

María Fábregas

Hace unos seis meses que me di cuenta de que algo tan sencillo como dar las gracias tenía el inmenso poder de cambiarme la vida y hacer que me sienta mucho más viva.

Eran las 6 de la tarde y estaba sentada en el quicio de la puerta de la casa de la hermana de Pamela, en Chumvi (Kenia), el sol estaba cayendo y dejaba una luz de color dorado que entraba por la puerta y dejaba todo de un color mágico.

Frente a mí, Pamela está sentada en una silla porque no puede moverse por sí misma. Está muy enferma y no tiene fuerzas para levantarse.

En completo silencio, las dos miramos hacia afuera cómo en la calle Sandra, Steven y Mary charlan con los niños y comparten unas magdalenas mientras ríen.

Es un momento perfecto, porque me lleva directamente hasta el presente sin importar ni existir nada más que el aquí y ahora.

Giro la cabeza y miro a Pamela cómo sonríe mientras les mira y varias lagrimas empiezan a caer por su mejilla. Despacio, como si ni siquiera ella se estuviese dando cuenta de lo que esta sintiendo.

La miro y no puedo quitar la mirada porque es ahí, en ese preciso momento, cuando entiendo lo que está pasando.

Cuando veo, en los ojos de otra persona, en los ojos de Pamela, el poder sincero de agradecer.

No hace mucho tiempo que conozco a Pamela, pero la conocí desnutrida, muy deprimida y a punto de morir.

Hoy es una mujer diferente a la que la vida le ha dado una nueva oportunidad, y en aquel momento, viendo aquella escena, viendo cómo el sol caía fuera de la casa dejando que los rayos pasasen entre las nubes, Pamela dio gracias a la vida por esa oportunidad.

Hace seis meses de aquel momento, y desde entonces no he dejado de agradecer a la vida y de reproducir aquel sentimiento.

A veces, estamos tan inmersos en nuestras rutinas que se nos olvida pensar en las cosas por las que ser agradecidos.

Nos centramos en aquello que no tenemos, en aquello que nos falta, en aquello que creemos que necesitamos, y nos olvidamos por completo de todo lo que sí tenemos y lo ignoramos como dando por hecho que siempre va a estar ahí o que nos pertenece.

¿Cuántas veces has dado gracias a la vida simplemente por el hecho de estar vivo,

por darte la oportunidad de levantar la persiana de tu habitación cada mañana y ver el sol,

por tener a alguien cerca que ha pensado un segundo de su día en ti,

por poder respirar sin problemas,

por poder tocar y sentir al hacerlo?

Puede parecer idílico o quizás absurdo, pero incluso cuando parece que todo está mal, cuando algo malo te ha ocurrido, cuando crees que no puedes salir del agujero, aún en ese momento, tienes un millón de cosas que agradecer y hacerlo te ayudará a pensar en lo que sí, y no a pensar en lo que no.

Yo lo aprendí aquella tarde sentada en el quicio de una puerta, pero puedes verlo en cualquier lugar. Ahora mismo. Sólo tienes que mirar de verdad.

Yo doy gracias a la vida por darme la oportunidad de vivir ese momento y poder sacar de mi inconsciente algo tan básico como esto. Doy las gracias por regalarme cada día que vivo, me traiga lo que me traiga, porque nunca sabes cuándo se puede acabar y además, eso no es lo importante.

Dar las gracias, te cambia la vida.


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